Las fusiones y adquisiciones entre empresas se han convertido en una estrategia de negocio para aumentar la rentabilidad y competitividad en tiempos de crisis. Y aunque muchas veces utilizamos los términos como si fuesen sinónimos, existen diferencias sustanciales entre ellos.
Una fusión se produce cuando dos o más empresas se unen, convirtiéndose en una única. Si una de las sociedades que interviene absorbe el patrimonio de la otra, se habla de fusión por absorción. El término “fusión fría”, tan de moda últimamente entre las Cajas de Ahorros en España, consiste en crear un holding, integrando un porcentaje de sus activos, con la posibilidad de que se mantengan las distintas marcas en cada una de las regiones de influencia.
En cambio, cuando se produce una adquisición, una empresa es comprada por otra. Todos los activos de la empresa “comprada”, o el paquete accionario de control, pasan a ser propiedad de la empresa compradora.
Matrimonios entre empresas
O podemos hablar de acciones hostiles lanzadas por una de las partes. Lo que podríamos comparar con los matrimonios “concertados” o “arreglados”.
Los matrimonios “concertados” muy común en países como la India, China o Afganistán, culminan tras meses de negociación entre las familias, en los cuales la pareja no llega a verse nunca. No es sólo un “contrato” entre dos personas, es un contrato entre familias, que las convierte en más grandes, influyentes, generalmente del mismo estrato social y generan en la pareja una mayor presión para que esta unión funcione.
Por último están las uniones más “hostiles” de todas, los matrimonios “forzados”, en los que una de las partes se casa en contra de su voluntad, por presión física o psicológica.
El valor que se busca en esta decisión estratégica es distinto en cada caso, y va desde la búsqueda de economías de escala hasta la reducción de competidores, pasando por el acceso a un mercado geográfico más amplio. De igual forma ocurre con los matrimonios, entre los que podemos encontrar uniones que buscan legitimar la descendencia, aprovechar ventajas fiscales, acrecentar fortunas, o conseguir mayor poder e influencia.
En el caso de las empresas, estas uniones posibilitan la reducción de costes en operaciones y servicios, aumentando por tanto el flujo de ingresos, cuota de mercado y consecuentemente los beneficios.
En las fusiones, al margen de las decisiones relacionadas directamente con el negocio y los objetivos económicos y financieros, se menosprecia muchas veces la dificultad para integrar a las personas de ambas partes.
Derivado de la fusión, el Departamento de RR.HH. se enfrenta con frecuencia a un proceso de gestión de cambio bastante complejo, y a menudo bastante precipitado. Lo ideal es conseguir que ese “amor de compañía” surja de una manera más o menos natural.
Sobre todo en el caso de la empresa adquirida, que pasa de un presente conocido a un futuro desconocido e incierto. En este escenario, hay empleados que abandonan la organización, y los que permanecen deben adaptarse a los cambios, cambios que pueden ser mínimos o suponer una modificación completa de objetivos de unidades de negocio, relaciones de dependencia, planificaciones, etc.
Recursos Humanos cual Celestina
Las principales claves para resolver con éxito este reto son:
-Propuestas y toma de decisiones para unificación de criterios: Políticas Retributivas y de Recursos Humanos.
-Propuesta de soluciones y mejoras: a nivel técnico, organizativo, procesos de gestión.
- Analisis y Gestión de Riesgos.
-Acciones para Gestión del Cambio.
Como buena casamentera que tiene que ser RR.HH. en estos casos, y con el objetivo de que el amor surja entre ambas partes, tendrá que llevar a cabo tareas relacionadas con la gestión del cambio, la evaluación de personas y el clima en la organización. Sin descuidar en ningún momento la fase de comunicación e información, y prestando especial atención a la detección de la desmotivación de las personas y las posibles pérdidas de conocimiento.
En definitiva, no debemos olvidar en ningún momento que el factor humano es definitivo para que la unión tenga éxito. En las fusiones y adquisiciones, como en los matrimonios, estamos hablando, al fin y al cabo, de personas. Y cuando hablamos de personas las cosas funcionan si las “partes” lo desean y ponen lo mejor de ellas. Y para eso está el departamento de RR.HH., que como un buen consultor matrimonial, debe conseguir que ese sea el sentimiento generalizado de la organización; que las cosas fluyan, funcionen, y lleguen al mejor puerto posible sin perder nunca la ilusión ni la convicción de que es allí donde quieren estar.
MUCHAS GRACIAS ANTONIA POR ESTE GRAN ARTÍCULO, ESPERO QUE SEA EL PRINCIPIO DE MUCHAS COLABORACIONES
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